jueves, 30 de junio de 2011

“Haced esto en conmemoración mía” (Lc 22,19)



Estas  palabras de Jesús, como muchas otras que nos dijo, resuenan hoy con más fuerza en mi interior, y me detengo ante ellas esta noche con ánimo de reflexionar… Las he dicho muchas veces, pero hoy, al leerlas nuevamente, me dijeron mucho, es mas, no las había pronunciado en voz alta y ya estaban resonando en mi interior.

Sí; la santa Eucaristía es en conmemoración tuya, y Tú, Señor, nos pediste a nosotros tus amigos que hiciéramos esto en recuerdo tuyo, en esa memoria viva, vigente, presente. En memoria tuya quiere decir que nos reuniéramos como hermanos y amigos en torno a ti, para ser nosotros quienes hagamos esto recordándote, haciéndote presente. Soy yo quien además he sido escogido para hacer este sacrificio en tu Nombre. Yo repito estas palabras, y tú actualizas el misterio de tu Presencia real.

Tú nos dejaste esta prenda de tu amor para que no quedáramos solos. Estabas preocupado por nosotros y lo mostraste cuando dijiste:
“No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros” (Jn 14,18); y vuelves de manera especial en cada Eucaristía. También nos enviaste al Espíritu Santo, y a Él invocamos para que se haga posible este santo Sacrificio, este regalo enorme, de tu Presencia real: “Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu”: ¡Estás aquí, Señor, y cuantas veces no te reconocemos!

Ayúdame Señor a amarte intensamente, a reconocerte y a escuchar este mandato, este consejo de amigo, y a transmitirlo fielmente. Que lo pueda llevar a cada vez más personas; que celebrando la Santa Misa con fervor y amor pueda llevar a muchos a que se encuentren realmente contigo.  Que pueda ser, por tu gracia,  el hombre del sacrificio; y que la celebración de la Santa Eucaristía haga que sea así, día a día, en cada momento de mi vida, como una Hostia viva, que a lo largo del día recuerde lo que celebré al comenzar el día y lo que dije en esa consagración: “Que Él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad”. No es fácil, Señor, ser ofrenda permanente; pero al recibirte a ti en la santa Eucaristía es eso lo que pedimos cada día, ya que sólo con este alimento celestial somos capaces de lograr ser ofrenda permanente para todos.

Conmemorar tu vida, tu muerte, tu resurrección: Eso hacemos cada día que celebramos la santa Eucaristía. Y es aquí donde acudo para aprender a amar con todo mi ser. De aquí, de la fuente del Amor, bebo. De Ti, el que se entregó por mí, aprendo; porque Tú me diste la capacidad de amar, porque Tú me diste la capacidad de poder entrar en comunión con los demás, por eso acudo a ti Señor, para que me enseñes amar.

Doy un paso pequeño, Señor, y Tú premias ese pequeño paso que doy; Tú me das esa capacidad de poder amar, de poder llegar a ti, Señor.  No digo nada nuevo, y no es mi objetivo, sino compartir lo que fue mi experiencia al preparar hoy una charla para padres de familia sobre la santa Eucaristía. Ahora, Señor, permíteme “hacer esto en memoria tuya” siempre, con pureza de corazón y con conciencia del magnífico don que nos dejaste. Que te conmemore en el altar, en la vida cotidiana, en los momentos de alegría y en los de dolor. Que conmemore, que recuerde, que tenga esa memoria viva, Señor, y que cada vez que celebre la Santa Eucaristía pueda recordar esto que hoy me has querido mostrar. ¡Gracias Señor Jesús!

12 de julio de 2010

lunes, 27 de junio de 2011

Un hermoso atardecer


Esta foto la tomé en Ayangue una playa de Ecuador. Acompaño este hermoso atardecer con  un salmo que para mí expresa mucho de lo que mis palabras no son capaces de expresar al ver este hermoso espectáculo: "El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos." (salmo 19,1)


lunes, 20 de junio de 2011

¿Por qué tomo fotos?




Lo que sucede cuando tomo  una foto, es que esa imagen que mis ojos han visto ha despertado algo en mí interior;  quizás no puedo describirlo en el momento con palabras, pero siento las ganas, el impulso (no se si sean las palabras correctas) de querer captar esa imagen con mi cámara, para luego poderla contemplar una y otra vez;  Sentarme en mi escritorio y poder quizás escribir algo al respecto, o quizás pensar una y otra vez, que fue lo que captó mi atención, que me dice esa imagen o simplemente contemplar la hermosura de la creación, y maravillarme de todo lo que Dios ha hecho.

Muchas veces no tengo mi cámara a la mano u otras no es prudente sacarla o quizás es imposible, pero como quisiera hacerlo, porque a lo largo del día tengo muchos momentos donde la naturaleza me habla y quisiera conservar ese momento, porque quizás Dios me ha hablado ahí y me ha mostrado su grandeza.

Pero más importantes son aquellos momentos donde las personas, la creación más grande de Dios, me muestran su rostro más profundo; esos momentos no los grabo con mí cámara, sino que los grabo en mi interior, en mi mente, en mi corazón; y  veo miradas, sonrisas, expresiones de las más diversas,  y ellas me dicen algo…. Algo profundo, muy profundo que no todas las veces llego a captar o no llego a poder ponerles una categoría, un nombre que describa lo que percibo, pero lo percibo, lo experimento, unas veces con más fuerza que otras; lo único que puedo decir  es que algunas de ellas quedan grabadas en mí interior, profundamente. 
Y aquí la cosa ya no es tan fácil, como ordenar las fotos por tipos, como por ejemplo, fotos de paisajes, del viaje a la playa, o de la graduación. Esto es más difícil, porque el ser humano es muy complejo y su riqueza interior no tiene comparación con los otros seres creados, sus sentimientos, sus pensamientos son tantos y tan diversos que no podría, creo yo, enmarcarlos en un rubro determinado con tanta facilidad. Pero bueno quería hablar de mis fotos y terminé hablando de la persona y su mundo interior.

Como decía al principio, lo que quiero  con las fotografías que tomo es que las personas logren ir  un poco más allá, se trata de despertar el asombro, de romper la rutina y así llevarlos a la contemplación de la grandeza y hermosura de todo lo que nos rodea y que en el fondo nos lleva a nuestro interior, y a descubrir a Dios, creador de todo; a nuestro Padre que nos ha dado esa capacidad de contemplar todo y de sorprendernos ante ello. Creo además que al escribir estas líneas hago el ejercicio de entender un poco más, el porqué me gusta la fotografía, pero a su vez creo que una vez más mis palabras son insuficientes para expresar todo; por lo tanto será esta una reflexión inconclusa.

domingo, 12 de junio de 2011

Levantemos el corazón (Sursum Corda)



Levantemos el corazón. Cada día que participamos de la santa Eucaristía escuchamos esta invocación o exhortación del sacerdote, y ante ella respondemos: “Lo tenemos levantado hacia el Señor”.  Y ese ha de ser no solamente nuestro deseo, sino una realidad; tener el corazón levantado hacia el Señor, es lo que todo cristiano ha de hacer, porque de poco serviría que lo dijéramos simplemente en la Santa Eucaristía, si es que no hay un esfuerzo sincero por levantar nuestro corazón cada día y en cada momento.
Se trata de tener levantado el corazón hacia el Señor, cuando estudio, cuando me esfuerzo por ser sincero, cuando voy por la calle caminando o conduciendo mi auto; cuando con paciencia tengo que atender algún familiar enfermo;
levantar el corazón es elevarlo al amor verdadero, que perdona, que es paciente, que se esfuerza por ser servicial, por aconsejar y corregir con amor cuando ve que algo no va por buen camino.

Levantar el corazón es alejarse de la sensualidad que no eleva sino que hace al hombre egoísta y rastrero, que lo encierra en sí mismo y lo incapacita para amar.
Levantar el corazón, es vivir esa actitud de educar con paciencia, de saber escuchar y valorar al otro en toda su riqueza.

Levantar el corazón en mí trabajo, haciéndolo con honradez y dedicación.
Elevar el corazón es ayudar al pobre, aquel que está frente a ti y necesita de tu ayuda, ir en búsqueda de aquel que está necesitado de nuestra palabra, de nuestra compañía, de alguna urgencia material. Ayudarlo con un gesto, una sonrisa, un saludo, logramos que ese corazón también se eleve hacia el Señor en una acción de gracias.

Elevar el corazón quiere decir tener nuestra mente y todo nuestro ser hacia el Señor, quiere decir haber comprendido donde está nuestra felicidad. Quiere decir que hemos descubierto que las palabras y las promesas del Señor son las que nos hacen libres, las que nos realizan. Por lo tanto, levantar el corazón es ponerse frente al Señor, ante Jesús  en oración, crecer en amistad con aquel que nos ama y pedirle que nos ayude a no dejarnos atrapar por lo mundano, lo pasajero, efímero y superfluo, y tengamos siempre el corazón anhelando los bienes eternos.

Elevar el corazón es llegar a la Santa Eucaristía con tiempo, preparándonos para ese encuentro especial, con quien nos quiere hablar hoy al corazón, y nos invita que en este momento nos elevemos lo más que podamos hacia Él, para que así cuando salgamos de esta Santa Eucaristía, elevemos todo el mundo hacia Dios con nuestro testimonio de amor, porque al elevar nuestro corazón nos hemos encontrado con el Sagrado Corazón y Él nos ha llenado y transformado, para que nosotros podamos ser como la levadura que fermenta toda la masa.

¡Levantemos el corazón! Y mantengámoslo siempre elevado al Señor.

jueves, 9 de junio de 2011

No me alcanzan las palabras



No me alcanzan las palabras para expresar tu grandeza Señor.
No me alcanza las palabras para explicar lo que siento hoy,
No me alcanzan las palabras para decirte Señor lo grande que eres
No me alcanzan las palabras para decirte lo contento que me has puesto hoy,
No me alcanzan las palabras para agradecerte Señor, la oportunidad que me das de guiar a las personas hacia Ti..
No me alcanzan las palabras para poder expresar todo lo que quisiera,
No me alcanzan las palabras para poder mostrar a todos la amistad tan valiosa que he encontrado en Ti.
No me alcanzan las palabras para gritar al mundo, una y otra vez, que hermoso es vivir junto a Ti.
No me alcanzan las palabras, pero eso no me detiene…

Por lo menos trataré, y trataré,
día tras día,  con mis obras,
con mi servicio y entrega
poder manifestarte el amor, la gratitud y el deseo de servirte,
de llevarte en el corazón, de ser luz para otros….

Permíteme, Señor y dame las fuerzas,
para poder guiar a las personas hacia Ti!

Ayúdame Señor, para cumplir este deseo, no hoy que me siento feliz, por lo poco bueno que pueda haber hecho, sino sobre todo cuando los días sean malos. Cuando las cosas se presenten difíciles.
No me alcanzan las palabras Señor….
Pero tú lo sabes todo, Tú conoces mi corazón, por eso ahora simplemente quiero guardar silencio ante Ti…

lunes, 6 de junio de 2011

El mundo nos empuja a lo superficial



Leí en el periódico un eslogan que decía: “¡De gordita graciosa, a vivir como diosa!, y me llamó mucho  la atención, ya que justamente hace poco había escuchado a una amiga decir: “Hasta que sea flaca, no podré ser feliz”. ¿Qué tan importante debe ser el cuerpo para una persona?  Susana R.

El ser humano es una unidad compleja, misteriosa y con una grandeza enorme. Es importante dejar claro esto: somos una unidad biológica, sicológica y espiritual. Ninguna de las tres sobra; ninguna de las partes que integran al ser humano está de más o puede ser desatendida. Pero sí es importante saber que hay un orden de prioridades y que cada parte de lo que es el ser humano tiene su razón de ser y su lugar. La preocupación por el cuerpo es válida pero en su justa medida.   
Cuando el ser humano comienza a obsesionarse con el cuerpo y a pensar que su vida cambiará o que será más feliz simplemente por tener un cuerpo espectacular, es porque el hombre ha perdido de vista algo fundamental:  la recta valoración de sí mismo y su comprensión como persona.
¿Y cual es el problema de preocuparse del cuerpo? Ninguno. Hay que preocuparse del cuerpo que Dios nos ha dado y que es templo del Espíritu Santo, pero en su justa medida y de manera correcta. Debemos estar limpios, bien presentados, bien vestidos, etc. También es importante que, en la medida de las posibilidades, hagamos ejercicio para estar sanos y de buen ánimo. Pero todo debe partir de una correcta visión del ser humano, que llevará a proyectarse y desplegarse de la mejor manera.  He ahí la clave del asunto; cuando uno deja de mirar la integridad de la persona y de entender que el eje fundamental del ser humano no está en lo exterior sino en el interior, se comenzará a construir vanamente y a poner la valoración en lo externo “solamente”;  Como dice Saint Exupery, en el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.  ¿De qué me sirve tener un carro con una carrocería muy bonita, si no tiene motor? o ¿de qué me sirve tener una casa con una fachada hermosa, si por dentro está sucia o sin nada? La casa es para vivir en ella y el carro para andar. Así también: ¿de qué serviría tener un cuerpo espectacular, una cara muy bonita, estar vestidos con lo último y lo más caro; si no tengo nada adentro, en mi corazón, en mi interior, en mi mente, y sobre todo en mi espíritu?
Suele suceder que una persona, que se queda simplemente contemplando lo efímero, como es la belleza del cuerpo, sea también efímera, pasajera y superficial. Y va a tender también a valorar a los otros con los mismos criterios que se valora a sí mismo. ¿No te parece eso problemático?

El cuerpo, en cuanto creado por Dios, es bueno y santo (Ver Gn 1, 26-31). El cuerpo es en sí mismo no tiene nada de malo. Lo malo es, sin embargo, el intento del hombre de satisfacerse viviendo primariamente o exclusivamente para los placeres del cuerpo. Tenemos un problema serio hoy en día: el mundo nos empuja a lo superficial, por eso afirmaciones como las que leíste en el diario hace que una persona piense que el objetivo es vivir como “diosa”, a partir de la simple apariencia física.
 El mundo de la vanidad, de lo superfluo es cada vez más fuerte, y es consecuencia del vacío que hay en las personas. Abandonando el interior y  lo más          importante,  la vida espiritual. Con esos criterios se termina buscando sólo cosas que me hagan sentir bien, y no necesariamente están bien, por ejemplo una persona se puede          sentir muy bien fumando marihuana, pero está muy mal lo que está haciendo, o una madre siente mucho dolor al dar a luz, pero está feliz por traer al mundo          a su hijo, ahí vemos claramente que lo importante es estar bien, no necesariamente sentirme bien.
Es evidente que tenemos una riqueza que va más allá de nuestro cuerpo (lo biológico), no podemos desatender nuestro espíritu, nuestra alma, porque hacerlo es crecer deficientemente como persona; ahí está lo que nos diferencia de todas las demás creaturas. Algunas cosas que creo podrían ayudar para no caer en la superficialidad, es cultivar el interior, tener una vida espiritual rica, nutrir tu mente, esforzándote por conocer tu fe, conocerte a ti mismo(a).
No olvidemos que somos una unidad, y así como hay que preocuparse por el cuerpo que Dios nos ha dado, con mayor deber  hay que preocuparse por el espíritu y el alma que al final es lo más importante. De qué sirve tener una buena apariencia exterior si no tengo el espíritu, el corazón limpio, y anhelando lo más grande y hermoso que es Jesús. “No hay nada más bello que ser alcanzados, sorprendido por el Evangelio, por Cristo. No hay nada más bello que conocerlo a Él y comunicarle a los otros la amistad con Él”. (Benedicto XVI)