martes, 27 de septiembre de 2011

El encuentro con el Señor en el camino.



Nunca te había visto,
Pero hoy, has clavado tú mirada en mí,
Quizás no es el hombre que esperaba ver,
Pues al verte desfigurado, dolido,
golpeado  y humillado,
he quedado sorprendido,
no pareces ser quien me habían dicho,

Me piden que te ayude…
¡No quiero! dirá el interior del hombre
Que se asusta al ver esa cruz
Que se revela ante el dolor…
Pero el amor vencerá el temor,
la grandeza a la mezquindad
y este corazón frágil  manifestará con fuerza y convicción
ese deseo de ayudarte, ese deseo de aliviarte…
hoy Señor veo por fin tu rostro.

Y en medio de lo poco humano que parece,
Por los golpes y el maltrato,
resalta esa mirada;
Profunda, honda, amorosa,
Esa misma que acogió a la Magdalena,
aquella que llamó a Zaqueo,
o la que vio el ciego de nacimiento al abrir los ojos a la luz,
aquella que vio su Madre más de una vez…
Esa mirada que no ha perdido su amor en el dolor
Esa mirada que transmite misericordia en medio del odio.
Esa mirada que con dolor,
perdona a quienes “no saben lo que hacen”.

Y ante ella como decir que no…
Hubiera querido verte en otra ocasión Señor,
Pero esta es la que me tocó a mí,
Has querido que yo me encuentre contigo Señor,
Y no has encontrado ocasión mejor.
Todo lo tenías pensado y querías que así te conociera
Y que otros como yo, sean cireneos el día de hoy.

Subo contigo al calvario, contigo  mi buen pastor
Y espero poder en algo aliviar tu dolor.

Hoy, al ver esta imagen
Surge esta oración en mi interior
Quiero también ser Cireneo.
Dame la fuerza de este hombre Señor,
Para no dejarte abandonado.
Que no huya ante el dolor del hermano,
Ayúdame a ser también, aquel que muera por sus hermanos
Y que aprenda con valor,
a cargar la cruz,
la mía y la de otros.

Ayúdame a morir día a día.
Que no prime en mi, la ley de mis gustos,
Ayúdame a no ser de los indiferentes,
de los evasivos, de los cobardes,
de aquellos que se dejan vencer por el miedo
ante Tu mirar profundo,
Que no te abandone  Amigo.
Enséñame amar Señor, con el amor de la cruz,
porque el amor será lo único que me permita
estar siempre  junto a Ti.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Una vez más hemos sido sorprendidos por Dios

Hemos terminado la Jornada Mundial de la Juventud, y nuestra peregrinación por santuarios marianos. Hay mucho que decir, pero mientras logro escribir todo lo vivido y experimentado. Voy compartiendo una primera reflexión, de estos días maravillosos.
Lo primero que tengo que decir es que ha sido una experiencia sorprendente. Sabemos que Dios nos sorprende siempre, y esta no ha sido la excepción. Hemos sido sorprendidos por el Señor a todo nivel. Hemos sido sobrepasados por el amor de Dios, una vez más. y a pesar de que cada uno tenía su idea de lo que sería esta experiencia antes de partir, creo que ninguno de nosotros dejo de ser sorprendido por Dios. Todo lo que habíamos pensado que iba a ser esta experiencia, fue superado por la realidad que vivimos.

Desde la llegada, al ser recibidos por un alojamiento que nos ¡sorprendió! Y nos decía que algo grande tenía preparado para nosotros. Esto nos llevó a ver la generosidad de los jóvenes, y de los no tan jóvenes; el realmente estar dispuesto a amoldarse a cualquier situación y a superar cualquier incomodidad por algo más grande.

Sorprendidos al ver la cantidad, de jóvenes, de diferentes partes del mundo, y no exagero. Era así, ver como nos uníamos sin conocernos, cantábamos juntos en el metro, en las calles, cada uno en su idioma.  Compartíamos, nos saludábamos, hablamos  de donde veníamos y el deseo que teníamos de encontrarnos con Cristo y de ver al Santo Padre y escuchar sus palabras.

Sorprendidos, por la cantidad de gente que asistió a esta gran fiesta de fe. Ni siquiera la organización de la JMJ,  esperaba que la respuesta fuera tal. Sorprendidos por la alegría, la paz, y la fraternidad  que se vivió estos días.
Sorprendidos por la acogida de los españoles, que nos ayudaban en todo, que aún algunos de ellos no siendo católicos nos ayudaban en el Metro y nos advertían y cuidaban de cualquier cosa.

Sorprendidos por el sol, la lluvia y el viento y un Papa, que no se quiso mover del estrado, acompañando a los jóvenes que estaban sufriendo las inclemencias del clima.
Sorprendidos por el silencio de más de dos millones de personas ante el Santísimo Sacramento. Realmente sorprendente lo que Cristo puede realizar.
Sorprendidos por el valor de la oración que hizo posible este momento tan especial de convertir cuatro vientos en un santuario Eucarístico.
Sorprendidos, por el amor de Dios y las palabras del Santo Padre, sorprendidos por nosotros mismos que nos dimos cuenta que somos capaces de cosas más grandes y de esfuerzos mayores cuando el corazón, tiene algo grande porque vivir. Y no hay nada más grande que la amistad con Jesús, quien lo ha dado todo por nosotros.
Sorprendidos, por ver como nos hemos unidos, y acompañado, como hermanos en la fe.

Sorprendidos ante los milagros paténtenles como el de la hostia sangrante en Santarem, ante la cual nos hemos puesto de rodillas, o mas bien, postrado en adoración. Ante la cual nos hemos maravillado una vez más del milagro de la presencia real de Jesús.

Sorprendidos por la Madre de Dios, quien en intima sintonía con el corazón de Jesús, también nos sorprende  y nos recordó en cada uno de los Santuarios que visitamos, que Ella está con nosotros. Que quiere que entendamos que estamos aquí de paso y que estamos llamados a algo más grande, a la vida eterna. Y para conseguirla, hay que esforzarse,  morir al pecado para vivir a una vida nueva.

Sorprendido por los detalles de Dios para conmigo sacerdote. Que me ha permitido celebrar la santa Eucaristía en cada uno de estos lugares. Y que en cada una de ellas he podido elevar la patena con Cristo Hostia, que se da se entrega y me invita a que yo también me de y me entregue cada día más. Uniéndome así en estos lugares de peregrinación a miles de cristianos, que a lo largo del tiempo han elevado su oraciones al Altísimo.

Sorprendidos por la Madre, que nos permitió bañarnos en las aguas benditas de Lourdes. Porque Ella quiso que sea así. Nada fu casualidad.

Sorprendidos por tantas cosas hermosas, he incluso por las exigentes o aquellas que no eran tan hermosas que me llevaron a decir: Señor gracias por la fe. gracias por el don de esta espiritualidad, por esta gran familia espiritual que me has regalado. Gracias Señor porque tú nos sorprendes, Tú encarnación fue un hecho sorprendente. Cuando le lavaste los pies a tus apóstoles los sorprendiste con Tu humildad. Nos sorprendiste cuando instituiste la Santa Eucaristía y sobre todo cuando te entregaste generosamente en la Cruz, padeciendo ¡tanto! Y así Señor una y otra vez nos has sorprendido y lo seguirás haciendo. Porque para quien ama no hay límites en la entrega. Porque nos quieres recordar Tú grandeza y que aquello que caracteriza al santo, es la Magnanimidad. Y como siempre Tu das el primer paso, el ejemplo, el testimonio de cómo hemos de vivir nuestra vida cristiana.

Todo lo vivido lo resumo en la siguiente frase: Hemos sido testigos de la Magnanimidad del amor de Dios. Esta me motiva, alienta y anima a seguir caminando correspondiendo a tanto amor mostrado. Con una mayor entrega y conversión.

¡Ayúdanos Señor  a mantenernos firmes en la fe!