jueves, 23 de agosto de 2012

Todo por amor



Creaste el mundo por amor, la perfección de la naturaleza, la grandeza del ser humano, de las estrellas y el universo entero, todo lo dejaste de regalo para nosotros tus creaturas,  para que nosotros lo contemplemos, nos maravillemos y saquemos de él todo aquello que tú has puesto, todo lo necesario para nuestro sustento y nuestra vida.

Y todo lo hiciste por amor. Por amor nos creaste, nos diste el ser y la capacidad de poder entrar en contacto y comunicación contigo, la capacidad de poder estar contigo, la inteligencia y capacidad para desarrollar y sacar de este mundo todo lo necesario para vivir.

Todo lo hiciste por amor, y cuando erramos, cuando caímos, cuando nos olvidamos de Ti, tu amor nos lleva nuevamente a recordar lo que somos y a la grandeza de nuestra vocación.

Enviaste a tu Hijo, Dios hecho hombre para que por amor, nos salve, nos libere y reconcilie, cure las heridas mortales que el pecado dejó en nuestro interior. Así nos sanaste nos curaste interiormente y por amor lo sigues haciendo porque los efectos del pecado no han terminado, no han dejado de estar presentes, pero por amor nos das la oportunidad de quedar sanos.

Por amor te hiciste alimento celestial, te quedas en un pan. El alimento bajado del cielo, para alimentarnos, y seguir así mostrándonos el inmenso amor que nos tienes.

Por amor nos dejas tu gracia, por amor nos dejas a tu madre, por amor nos regalas santos que son ejemplo, y amigos en el cielo que nos animan, y con su testimonio nos siguen dando luces para avanzar.
Por lo tanto al levantar los ojos y ver la luz del día, al escuchar los cantos de los pájaros, al ver toda la creación, el atardecer y sobretodo al ver tu cruz, digo una vez más: ¡Todo es por amor!
¡Gracias Padre!

martes, 21 de agosto de 2012

“No se cansen de hacer el bien”.


La frase no es mía, como saben muchos de ustedes. Es de San Pablo, quien inspirado por el Espíritu Santo la pone en su carta a los Gálatas. Quizás alguno se preguntará ¿Y por qué dice eso? 

Lo que sucede es que este gran santo es completamente consciente de la fragilidad humana, y  cómo es posible que cualquiera de nosotros se canse en su empeño por hacer el bien.  Alguno puede que ante las dificultades de la vida, ante los problemas que encuentra quiera cansarse de hacer el bien. Pero no. No debemos desfallecer en nuestro afán por hacer el bien; en comunicar la verdad, en transmitir al mundo la esperanza, en nuestro deseo de ser justos y de en todo buscar el bien del hermano. Quizás estas cansado de atender a tus papas que son mayores, o de quedarte cuidando a tu hermano o de cuidar a tus abuelitos, o de ser paciente con esa persona que te molesta, o  quizás cansado de ser honrado cuando ves que muchos roban, o estas a punto de dejar de luchar por vivir castamente y luchar por tu pureza cuando ves que muchos desfallecen o declinan en su esfuerzo por vivir esta virtud. Quizás ves mucha corrupción y tienes ganas de devolver mal por mal o insulto por insulto. Pero no. Escucha hoy nuevamente la Palabra de Dios y que esta te anime a seguir sembrando el bien que a su tiempo dará fruto. No te canses de hacer el bien. Transformemos este mundo como lo dijo San Pablo, siguiendo al Divino Maestro con el amor ejemplo del amor, con su enseñanza del perdón, de vencer al mal a fuerza de bien. De ofrecer el perdón donde encontremos odio, de no ser indiferentes ante el dolor ageno, de no ser duros de corazón sino sensibles, ante las necesidades de quienes nos rodean.

No es fácil, es verdad. Cuesta y a veces puede ser que tengas la tentación de decir ya no más. Pero ánimo, No te canses. No dejes de sembrar la bondad y la justicia, comenzando obviamente por tu propio interior. Ese es el primer lugar donde no debemos desfallecer en el esfuerzo de hacer el bien, de sembrar el amor, de que reine la paz y dejarnos refrescar siempre por la presencia del Señor Jesús, que no solo es nuestro modelo de vida, sino que también es nuestra fortaleza.

Por lo tanto leamos otra vez las entusiastas y motivadoras palabras de San Pablo:“No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos.” (Gal 6,9-10)

Vuelvo a escribir



Uno siempre tiene cosas que compartir. Esto responde al hecho de que uno siempre tiene sentimientos o pensamientos. Quizás puede suceder que  algunas veces no los identifique o quizás no sea capaz de ponerles nombre, pero eso no quiere decir que no los tengamos. Como seres humanos estamos pensando, sintiendo y observando constantemente y guardando esas experiencias en nuestro interior. 

Es eso lo que compartimos cuando hablamos o escribimos. Hay diferentes maneras de expresar esos pensamientos. El que  escribe los pondrá en un papel; el fotógrafo que observo algo que llamó su atención lo captara con su lente. El pintor tratará de plasmar eso que le llamó la atención o que está reflexionando en su interior. El escultor, moldeará la imagen de algo que quiere expresar El poeta escribirá un poema, para así manifestar algún sentimiento o pensamiento.

Y los que no somos pintores, ni fotógrafos, ni escultores, ni poetas, también tenemos cosas que compartir por eso aquí vuelvo a escribir

Este deseo de compartir es una experiencia muy humana, y puesta en práctica desde hace muchos siglos. Una vez hace mucho tiempo vi una pintura rupestre, y me quedo claro que el hombre siempre ha querido comunicar, inmortalizar, y compartir sus experiencias. Esas pinturas quizás cumplían alguna función, no lo sabemos, pero lo que si sabemos es que son signo visible que ha llegado a nosotros, y nos han comunicado una experiencia muy humana, esos hombre y mujeres han compartido, quizás sin saberlo, parte de lo que hacían.
Todos tenemos razones distintas para compartir, pero creo que en el fondo lo que hay en común es ese deseo de comunicación y de expresión del mundo interior.
Por eso escribo. Siempre lo hago, pero ahora lo comparto. Por eso tomo fotos, porque me gusta captar lo que la creación pone ante mis ojos, por alguna razón, porque me asombra la perfección y belleza con que Dios creo todo; por eso me gusta estar en silencio y reflexionar, por eso me gusta salir con mis amigos a dialogar, porque cuando uno comparte se nutre, se enriquece y sobretodo, creo yo se entiende más a uno mismo.